RETO:
Conocer cuál ha sido el impacto real de un proyecto en el territorio, en qué medida ha contribuido a cambiar la vida de las personas a las que se dirigía e incluso, valorar económicamente esta transformación. No bastaba con centrarse en la inversión realizada, había que identificar los cambios logrados, por lo que era imprescindible preguntar a los beneficiarios para “descubrir” con ellos la mejora conseguida.
SOLUCIÓN:
A priori se aplicó la metodología SROI (Retorno Social de la Inversión) para identificar a los beneficiarios y evaluar con ellos los beneficios generados y el impacto del proyecto. Sin embargo el principal trabajo se centró en la participación de estos beneficiarios, en que nos contaran cómo el proyecto había ayudado a mejorar sus vidas y cómo esperaban que evolucionaran estas mejoras en los próximos años.
IMPACTOS:
Evaluación más humana. La identificación de los beneficiarios y la cuantificación de los beneficios aportados ayuda a entender qué ha conseguido cambiar un proyecto.
Comunicar mejor el impacto. Involucrar a los beneficiarios en la medición del impacto generado, y apoyarse en datos obtenidos de su participación permite comunicar de una forma más directa y cercana los beneficios que ha tenido un proyecto.
BENEFICIARIOS:
Los Grupos de Desarrollo Rural, que tienen que evaluar el impacto de sus iniciativas en el territorio, los colectivos que han participado en las diferentes iniciativas realizadas y las administraciones pùblicas que cuentan con información valiosa para entender qué necesita su territorio.
