¿Por qué estamos más solos que la una en la era de la hiperconexión?

La soledad no se cura con algoritmos, se cura con presencia.

Vamos a decir las cosas claras: puedes tener 5.000 seguidores en Instagram, tres grupos de WhatsApp echando humo y vivir en un edificio con cien vecinos, y aun así sentir que si mañana desapareces, solo se darían cuenta los de la compañía de la luz por el impago. Nos han vendido que la soledad es un «problema de abuelos», algo que solo pasa cuando te haces mayor y el mundo te olvida. ¡¡Mentira!!. La soledad no deseada es la resaca de una sociedad que ha priorizado la eficiencia sobre la presencia. Es el vacío que queda cuando sustituimos el «quedamos para un café» por un emoji de taza. Y no, no te pasa porque seas «raro»; te pasa porque estamos viviendo en un sistema diseñado para aislarnos mientras nos mantiene mirando una pantalla.

Tengo un joven amigo que se llama Carlos. Tiene 24 años, un trabajo «remoto» en una startup y vive en un estudio moderno en el centro de Málaga. Carlos no conoce el nombre de su vecino de puerta. Su interacción social más intensa del martes fue darle las gracias al repartidor de comida. En su barrio, las plazas se han convertido en terrazas de consumo y los bancos públicos han desaparecido para que nadie se «instale». Carlos está rodeado de gente, pero no tiene comunidad. El diseño de su ciudad, de su teletrabajo y de su ocio ha eliminado los «encuentros fortuitos». Carlos es una pieza más de una maquinaria urbana que funciona a la perfección, pero que ha olvidado que los humanos necesitamos ese “roce que hace el cariño” , el saludo espontáneo y la mirada para no marchitarnos.

Si crees que esto es solo una sensación subjetiva, nuestras DATOGRAFÍAS te darán un bofetón de realidad. Según el último Barómetro de la Soledad, el 20% de la población española, que se dice pronto, confiesa sentirse sola en este momento. Y lo más alarmante: la soledad ya no tiene canas; afecta con más fuerza a la juventud (18-24 años) que a los mayores de 75.

Esto no es solo un drama humano, es una crisis de salud pública con factura: la soledad no deseada le cuesta a España unos 14.000 millones de euros al año (el 1,17% del PIB) en consultas médicas, antidepresivos, ansiolíticos y pérdida de productividad. La soledad crónica multiplica por cinco el riesgo de sufrir depresión y ansiedad, y es un predictor de mortalidad tan potente como el tabaquismo.

En RESETEO URBANO creemos que la soledad es, en gran medida, un error de diseño urbano y social en nuestras ciudades y vidas digitales. Es hora de resetear ese modelo de ciudad y sociedad para que vuelva a ser el escenario de lo común.

Menos muros digitales, más bancos en las plazas. Menos «likes», más «hola».

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