RETO:
¿Cómo pasamos de un barrio con «síntomas de olvido y desconexión» y una asociación de vecinos al borde de la extinción a un epicentro de vitalidad y orgullo? El desafío no era solo poner farolas y arreglar un par de aceras, sino reprogramar el cerebro del barrio para que sus habitantes se sintieran parte de algo. Queríamos que la gente no solo viviera en el barrio, sino que fueran de él. Había que pasar de la apatía a un «barrionalismo» feroz.
SOLUCIÓN:
Usamos nuestra estrategia de «Acupuntura Urbana» y mezclamos la ciencia del dato con el «arte de la calle». Empezamos con una «datografía» completa para entender al milímetro qué le dolía al barrio. Pero no nos quedamos en la teoría: nos metimos de lleno en el «terreno de juego». Con la gente, en la calle, hicimos «Derivas Urbanas» para caminar y sentir el espacio, «Ágoras» para escuchar las quejas en persona, Think Tank en el colegio e instituto del barrio para escuchar la óptica de los más jóvenes y un «Laboratorio Ciudadano» para co-diseñar las soluciones. La magia del proyecto fue la inmediatez: las propuestas se convertían en «microactuaciones» visibles y tangibles en cuestión de semanas, transformando la percepción de los vecinos y demostrando que la participación no era humo, sino un plan de acción real a escala de barrio.
IMPACTOS:
Reactivación de la identidad: Se consiguió un cambio palpable en el sentimiento de pertenencia, transformando la percepción de un barrio «aislado» en una comunidad con identidad propia y un «barrionalismo» que contagia.
Manejar expectativas: La metodología ágil y las «microactuaciones» permitieron gestionar las expectativas ciudadanas, demostrando que la inversión pública y el trabajo conjunto generan resultados inmediatos.
Empoderamiento ciudadano: Se activó a la gente para que pasaran de ser espectadores a ser protagonistas de la transformación del barrio, involucrando a asociaciones, colectivos y especialmente a los jóvenes.
BENEFICIARIOS:
Los vecinos del barrio, que redescubrieron y se apropiaron de su espacio público, el Ayuntamiento de Montilla, que consiguió revitalizar un barrio con una metodología innovadora, y las nuevas generaciones, que ahora ven el barrio como un lugar de futuro, no de olvido.
