RETO:
¿Cómo demonios creamos plantas de hidrógeno verde sin que la gente de la Bahía de Cádiz nos mande a paseo? El reto era gigantesco: un proyecto técnico de alto nivel que toca la economía, el empleo y el medio ambiente, la salud, pero que, sin un buen plan, podía quedarse en un chiringuito sin clientes. Necesitábamos que la gente, los de a pie, no solo lo entendieran, sino que se subieran al carro y nos ayudaran a mejorar los proyectos, adaptarlos a sus territorios y exprimir todo su potencial…
SOLUCIÓN:
En lugar de ir con un Power Point lleno de tecnicismos, nos sentamos a su mesa. Usamos la inteligencia colectiva y aplicamos nuestro método para montar un proceso participativo de verdad. Generamos 12 paneles ciudadanos para que los vecinos, las empresas y las asociaciones se convirtieran en ingenieros de la participación. Detectamos necesidades, miedos y oportunidades, y usamos ese conocimiento fresco para afinar el proyecto. El resultado: una solución cocinada a fuego lento con la gente del lugar.
IMPACTOS:
Proceso transparente: Demostramos que un proyecto industrial puede ser dialogado y enriquecedor.
Viabilidad social: El proyecto ganó aceptación y legitimidad, quitando el freno de la desconfianza.
Oportunidades locales: Se identificaron sinergias con el tejido productivo y social del entorno.
BENEFICIARIOS:
El cliente (AVALON), la población de los municipios de la Bahía de Cádiz, los colectivos sociales y los ayuntamientos donde se ubicarán estos proyectos.
