RETO
Las ciudades tienen un problema con los contenedores. La gente, o es vaga o le da igual, y se deja la basura en la calle como si fuera un regalo. El reto no era solo que la gente usara la tapa del contenedor, sino que se convirtieran en unos auténticos frikis del reciclaje. Había que hacer el proceso tan intuitivo y gratificante que tirar la basura se convirtiera en un acto de orgullo.
SOLUCIÓN:
Olvídate de los carteles con multas. Aplicamos nuestro «Jarabe de Datos» con un enfoque de Acupuntura Urbana. Primero, hicimos una datografía del caos: mapeamos las zonas calientes donde la gente abandonaba la basura, y con nuestra metodología de sensorización ciudadana y feedback descubrimos el «porqué» detrás del «donde». Utilizando nuestra potente arma que es la Psicología Ambiental diseñamos una intervención que mezclaba «molestia creativa» para los que lo hacían mal, con «Momentos Mágicos» para los que lo hacían bien. Transformamos los contenedores en obras de arte efímero que daban un subidón al reciclar, y activamos campañas que hacían evidente el impacto de cada residuo mal tirado. No fue una campaña de concienciación, fue una «trama urbana» para que la gente se enganchara a reciclar.
IMPACTOS:
Contenedores «limpios»: Logramos una reducción significativa de la basura en la vía pública alrededor de los contenedores.
Efecto dominó: Se generó una corriente positiva de auto-regulación entre vecinos, y el reciclaje se volvió viral en el barrio (nos encanta actuar a esa escala de barrio).
Métricas de orgullo: Proporcionamos a la administración datos medibles y cuantificables del éxito de la intervención, demostrando que la inversión en «RESETEO» funciona.
BENEFICIARIOS:
La ciudadanía que disfruta de un entorno más limpio y ordenado, el Ayuntamiento que ahorra en limpieza, y el planeta, que se toma un respiro gracias a un mejor reciclaje.
