RETO:
Superar el típico «turismo de sol y playa». Nos propusimos hackear el modelo turístico tradicional. El reto era dejar de dar palos de ciego promocionando un destino para todos y a la vez para nadie. Queríamos identificar quiénes eran de verdad los visitantes, qué les movía y, sobre todo, cómo hacer que su experiencia no fuera un simple «check» en la lista de vacaciones, sino algo que contaran a sus nietos.
SOLUCIÓN:
Con nuestras datografías como arma secreta, buceamos en los datos como un tiburón hambriento. No nos conformamos con saber cuántos venían, sino quiénes eran y qué les hacía vibrar. Hicimos una microsegmentación turística que rompió esquemas, identificando desde el «senderista gourmet» hasta la «familia urbana que busca paz». Luego, con los agentes turísticos locales, aplicamos uno de nuestros framework favoritos “Momentos Mágicos” para co-crear experiencias que elevaban, conectaban y vislumbraban. No vendimos tours, vendimos historias inolvidables.
IMPACTO:
Estrategia de promoción quirúrgica: Cada euro de marketing fue a dar donde de verdad importaba.
Oferta turística diversificada: El destino dejó de depender de un solo tipo de turista.
Valor local en alza: Los pequeños negocios se convirtieron en protagonistas, y el dinero se quedó en el territorio.
BENEFICIARIOS:
Los municipios y sus áreas de turismo, operadores locales, y los turistas que encontraron la experiencia que ni siquiera sabían que buscaban.
